Esmeralda (1971)

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Ada Riera se consagra

Adita Riera ya había brillado en interpretaciones como «Rosario» o «Sor Alegría» y empezaba a destacar. Para los productores de Venevisión no pasaron inadvertidas sus actuaciones y la que hubiera podido ser la protagonista de la novela original «Esmeralda», terminó a cargo de otro de los personajes de la obra de Delia Fiallo: Graciela Peñalver.

Personalmente, creo que fue uno de los mejores papeles de su vida. Fue la llave que la abrió las puertas. La historia del intercambio de una niña y un niño recién nacidos una noche de tormenta, cuyos protagonistas eran Lupita Ferrer, en el papel de la invidente Esmeralda, y José Bardina como Juan Pablo, rodeados de un gran elenco de estrellas, es una obra de culto en el género.

Junto a las inolvidables actuaciones de Ferrer y Bardina, la interpretación de las actrices y actores de la talla de Adita Riera, Esperanza Magaz, Lolita Álvarez, Orángel Delfín, Martín Lantigua, Hugo Pimentel, Eva Blanco, Hilda Breer, Néstor Zavarce, Caridad Canelón, Ivonne Attas, Humberto García, Cristina Fontana, Soraya Sanz, José Oliva, Aura Sulbarán, Lucila Herrera y Libertad Lamarque, como parte del elenco, no hay sido hasta hoy superada por posteriores remakes.


La historia cuenta la vida de la joven Esmeralda y Juan Pablo. Rodolfo Peñalver es un hombre muy poderoso cuya obsesión es tener un hijo varón, a pesar de que su mujer Blanca ha visto frustradas sus ilusiones tras fallidos intentos. Una noche de tormenta, la mujer da a luz a una niña, pero nace muerta.

En el parto se encuentra Chana, la asistente de los Peñalver, y Dominga, la partera, quienes deciden intercambiar la criatura por un recién nacido varón que acaba de encontrarse huérfano. La sirvienta, por el favor hecho, le da a la partera, unos aretes de esmeralda.

Cuando Dominga llega con la niña a su choza para su posterior entierro, descubre con estupor que se encuentra viva y que la niña es ciega. El destino hace que Esmeralda, nombre que le han puesto por los aretes recibidos, viva en una choza con Dominga, mientras que el joven Juan Pablo ha sido criado como todo un Peñalver.

Esta gran historia contó con el productor José Enrique Crousillat y el talentoso Grazio D’Angelo en la dirección.

Graciela Peņalver: inolvidable

En esta obra, Adita Riera encarna a la prometida del protagonista, su prima Graciela Peñalver, de personalidad caprichosa y visceral; sometida a una madre déspota e interesada —la recia actriz Hilda Breer— y que sólo tiene un plan: casar a su hija con su primo Juan Pablo para solventar la ruina que padecen ella y su hija. Graciela es sobrina de los supuestos padres de Juan Pablo Peñalver. Nunca nacerá entre ellos un sentimiento especial. Sin embargo, Graciela comienza a sentir esa sensibilidad en su corazón por un peón de la hacienda donde se ubica la historia, Adrián Lucero. La lucha por su clase social y sus sentimientos.

Ada Riera encarna a esa joven voluble y  consentida cuyos esquemas se deshacen cuando toma una clase para montar a caballo. Al intentar bajar del potro, es Adrián Lucero, quien le ayuda con esa mezcla de hombre vigoroso y tierno. El espectador puede observar como el peón, al tomar a la «señorita» hace temblar al personaje. A quienes tuvimos la ocasión de ver esta imagen, nunca se nos borrará la expresión de ambos. La caballerosidad del actor Nestor Zavarce, quien encarnaba al peón, y la irritabilidad que expresó el personaje de Riera precisamente por percibir en el abrazo de ayuda el contacto delicado y recio de alguien que le había hecho sentir algo especial. Una escena de emociones.

Es significativo como este hecho produce en Graciela el recuerdo de esas imágenes mientras oye cantar con el cuatro a Adrián Lucero. La presencia de ambos en la hacienda da un giro cuando en una posterior ocasión se enfrenten visualmente y Adrián no pueda resistir la tentación de besarla. Precisamente, por un inconveniente en este encuentro, tras montar a caballo, se le diagnostica a la joven un esguince y el dueño de la Hacienda quiere proceder a despedir a Adrián, y es la propia Graciela quien lo defiende para evitar que lo despidan. La realidad es otra. Ha empezado a crecer el amor entre ellos, a pesar del sufrimiento que sienten el peón por ver como su enamorada está comprometida con Juan Pablo Peñalver, y la propia Graciela al ver un imposible en su relación con Adrián.

Ada Riera enfrenta a Hugo Pimentel, mientras Eva Blanco la sujeta. Con ellos, Lolita Alvarez e Hilda Breer

Sin duda, Adita Riera tuvo la oportunidad de jugar con dos matices: la joven caprichosa y la tierna. Pudo ofrecer esa doble imagen interpretativa y fue su salto al estrellato. Después vendrían "Lucecita" y  "La Señorita Elena" (remakes); así como telenovelas ya escritas pensando en ella: "La mujer prohibida", "La Loba", entre otras.

Ada y Graciela brillan

La caracterización de Riera, su interpretación, su físico, su voz, la estupenda alternativa de déspota y tierna, son magistrales en muchos momentos. Es precisamente la desesperación de su personaje al tener y no tener, al querer y no querer, a jugar con fuego y quemarse,  lo que borda Riera en este papel. Las escenas con su madre y el peón son irrepetibles. Brillante interpretación en blanco y negro, pero llenas de un colorido de lo que es una magistral lección interpretativa realizada por una joven actriz.

Existen muchas escenas memorables como las narradas. El tropiezo entre Esmeralda, que cargaba frutas, y Graciela Peñalver. La actitud de indiferencia y mal trato del personaje de Adita Riera, ignorante de la ceguera de la protagonista; la fiesta en la hacienda de la Casa Grande donde radican Juan Pablo y Graciela, al descubrir ésta la presencia de la humilde Esmeralda;  la desesperación que ella sufre al saber que el peón Lucero ha tenido un accidente, y sin ser vista por nadie, corre al hospital a ver a su amado; el momento cuando la pasión atrae a los dos jóvenes y de forma inesperada los descubre la madre. La actuación que realiza Adita en el momento en que su madre monta en cólera al enterarse de este hecho, es estupenda.

El tiempo hace que conozca a un joven millonario y por la fidelidad a su madre, contre matrimonio. Es precisamente Adrián Lucero el chofer que la lleva a la iglesia. Es otra de las escenas más duras y emotivas por el dramatismo que desprende la situación al saber ambos que el único amor es el existente entre ellos. La confesión de Adrián Lucero a Graciela, en el vehículo que la lleva al altar, donde desea secuestrarla, es otro momento especial de esta subtrama que pasó convertirse en «Esmeralda» en una trama.

Tras un grave accidente el marido de Graciela fallece y la joven se culpa por lo sucedido, llegando a los extremos de expresar a la familia de su marido que ella no quiere la fortuna que le pertenece, porque ama a otro hombre. El recuerdo de Adrián Lucero es imborrable. La culpa de lo ocurrido hace que Graciela consuma una gran dosis de barbitúricos, lo cual le lleva prácticamente a la muerte. Es la propia madre de Graciela quien localiza de forma desesperada a Lucero para rogarle que esté con su hija porque está muy mal. La joven le pide a su amado que la tome en brazos. Adrián Lucero le va hablando desde el alma y ella poco a poco apaga la luz de su vida hasta extinguirse. Tras la lluvia de la noche el viento sopla con la inquietud de amar…

Antonio Abreu